20 junio, 2006

Blogoduelo: libros de texto

Al parecer, mi exabrupto a modo de provocación invitando a quemar los libros de texto ha suscitado un cierto revuelo a juzgar por alguno de los comentarios, de modo que incluso Sebastià Giralt ha decidido erigirse en paladín del libro de texto y me reta a un blogoduelo sobre el asunto.

He de decir que mi carácter poco dado a la competición me retrae de meterme casi siempre en este tipo de luchas dialécticas, y menos aún con personas con una formación y sensatez como las de Sebastià. Mas, dado que es él quien me califica de “esperit provocador i anarquitzant”, me veo casi forzado a dejar por escrito algunas reflexiones sobre el asunto.

En primer lugar, para acotar el tema, mi invitación a quemar libros se ceñía a los libros de texto, nada más. Creo que siempre he dejado clara mi pasión por los libros: la última vez en un artículo de hace una semana leído en un programa de radio local.

Y a partir de aquí, mis razones para detestar los libros de texto:

  1. El método. Dice Sebastià, y dice bien, que “l’aprenentatge de qualsevol matèria -i especialment de les llengües- exigeix un mètode. (…) Un llibre de text ens el pot proporcionar, aquest mètode”. El libro de texto, si es bueno, proporciona el método, verdad, pero el método del autor del libro, no el tuyo. El profesor debe tener claro cuáles son los objetivos de su asignatura y cuál es el camino que conduce a esos objetivos, un camino que rara vez coincide de un docente a otro; recuérdese el dicho: cada maestrillo tiene su librillo. 
  2. Utilidad. Afirma Sebastià que “se’n pot aprendre molt, dels bons llibres de text, sovint elaborats per altres professors que ens duen anys d’avantatge i d’experiència. Jo puc dir que, a partir d’alguns llibres de text, he après a ensenyar d’una manera força diferent a com em van ensenyar a mi”. Él mismo lo ha dicho, ha aprendido nuevas formas de enseñar a partir de varios libros de texto; quiere decir esto que han sido útiles para él, ha sacado las cosas buenas de varios libros. Los alumnos, en cambio, sólo han tenido un libro de texto y, lo que es peor, tienden a creer que más allá de su libro no hay nada. 
  3. La vida. El libro de texto está destinado a morir desde el mismo momento de su nacimiento. No conservo prácticamente ningún libro de mis tiempos de estudiante. Tengo muchos libros de texto, pero son los que he utilizado como profesor, para coger materiales de aquí y allá y elaborar a partir de ellos los míos. Pienso que sería mucho más eficaz la elaboración de un wikilibro de cada asignatura por parte de cada grupo de alumnos bajo la tutela del profesor. Coincido con Paco, que, en su respuesta al mismo meme desecadenante de este blogoduelo, afirma: “Yo apuesto por herramientas como webquests, blogs, wikis, etc insertadas en un modelo centrado en el alumno, en la cooperación y en un cambio del papel del profesorado”. 
  4. El precio. Y si a todo lo anterior unimos el precio de los libros de texto, la pregunta es: ¿merece la pena? ¿Por qué las editoriales vienen a los centros con tantos regalitos para los profesores? ¿Es que intentan engatusar a alguien? 

Dicho todo esto, para terminar al modo horaciano en su Epodo II, mi anuncio de que el próximo curso estoy preparándome para utilizar por primera vez un libro de texto: Lingua Latina per se illustrata, que más que un libro de texto es una auténtica propuesta metodológica.

1 comentario:

Mare Turbulentum dijo...

Todos los libros son útiles, incluso los mentirosos, estúpidos, tendenciosos, etc... pues se puede aprender incluso de un mal libro.
Hay muchos modos de enseñar y de aprender. Hay personas que necesitan ir a clase, y otras que aprenden mejor solos en su casa, algunos aprenden mejor con un libro, y otros hablando y escuchando... Quemar libros, aunque sea empleado en lenguaje figurado, es peligroso, pues algunos lo interpretan mal y hacen lo que hacían los Hitler, republicanos españoles, inquisidores medievales...